El fantasma del orgullo y la soberbia

Las relaciones interpersonales no siempre son fáciles, sin duda, el carácter de cada persona es una de las claves del éxito a la hora de poder profundizar en por qué existen personas que están solas aunque ni siquiera se den cuenta de ello, mientas que otras tienen tal carisma que atraen como un imán de energía positiva y autenticidad.

El fantasma implacable de la soberbia, la vanidad y la arrogancia es propia de aquellos que necesitan cubrir sus carencias e inseguridades interiores mediante una aparente fortaleza y confianza en uno mismo.

Sin embargo, en más de una ocasión te habrás dado cuenta de que al diálogar con una persona de estas características te sientes como si el otro quisiera ser el vencedor en cada frase y tener razón.

Las personas soberbias tienen tal afán de perfeccionismo que rara vez se relajan, por ello, transmiten tal nivel de tensión incluso a través del lenguaje corporal y la rigidez en sus facciones faciales.

Pero la soberbia se convierte en dañina para uno mismo desde el momento en que muestra una falta de autoestima y un deseo de minusvalorar al otro. El soberbio tiene tal necesidad de elogio que pocas veces saber premiar al otro mediante una frase bonita de reconocimiento o de gratitud.

Es posible cambiar de carácter pero sólo es posible cuando el principio del cambio procede de uno mismo por ello, el ser humano siempre debe analizarse a sí mismo y estar abierto a un proceso de superación constante para poder alcanzar la tan anhelada felicidad.

Aprende a dar las gracias a aquellos que tienes cerca y no dudes en decir te quiero a aquellos que amas porque expresar sentimientos te libera de tu propio ego.